Son bonitos "los Goya".
Como objeto en sí (hablo por experiencia, tengo uno en casa) y como "fiesta del cine español", aunque suene a tópico.
Esa noche, la de la Gala de los premios de la Academia, nos juntamos los del cine (productores, directores, actores, montadores, músicos, estilistas, maquilladores...), nos repartimos premios, nos repartimos por las diferentes fiestas de las películas nominadas y nos vamos a casa tan contentos (algunos más que otros, claro).
Es una noche, en la que te encuentras con gente que hace tiempo que nos has visto, y también con gente que no querías ver, gente que te cuenta que tiene proyectos, gente que te cuenta que le encantaría tenerlos, gente con la que comentas lo mal que está el cine español, gente con la que comentas lo bien que está el cine español o gente que se pregunta, si existe el cine español.
Y se fuma, se fuma mucho. Antes, también se bebía, pero prohibieron el alcohol en los camerinos. A ver si vuelve.
Guardo buenos recuerdos de las noches goyescas a las que he asistido (unas presentando la gala, otras entregando premios, otras ganándolos).
Recuerdos, como aquella noche, en que tras ganar el Goya a la Dirección Novel por nuestra película "Tapas", Juan Cruz y servidor llegamos a los camerinos de los "entregadores" (dícese de toda aquella persona que debe entregar un premio esa noche) y acabamos en un rincón con Sancho Gracia, Pepe Sancho y Álvaro de Luna (Curro, el Estudiante y el Algarrobo, para los amigos) que no paraban de explicarnos anécdotas del rodaje de "Curro Jiménez".
Alguien de producción vino a buscarnos para decirnos: "si queréis podéis volver a la platea". Juan y yo nos miramos y dijimos: "Ni de coña".
Y allí seguimos, en el camerino, fumando, bebiendo (era la época en que no había Ley Seca) y riéndonos con aquellos tres "monstruos" de nuestro cine, nuestra tele, nuestro teatro y nuestra memoria.
Por cosas así, pienso: son bonitos "los Goya".